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Blancanieves y los siete enanitos

Blancanieves y los siete enanitos

Érase una vez, en un reino lejano, una hermosa princesa llamada Blancanieves. Era tan hermosa que su madrastra, la malvada reina, se ponía furiosa cada vez que alguien la elogiaba. La reina poseía un espejo mágico al que preguntaba diariamente:

—Espejito, espejito, ¿quién es la más hermosa de todas?

Y el espejo siempre respondía:

—Eres tú, mi reina.

Pero un día, cuando la reina preguntó, el espejo respondió:

—Eres hermosa, es verdad, pero Blancanieves es mil veces más bella que tú.

La reina se llenó de celos y rabia. No podía soportar la idea de que su hijastra fuera más hermosa que ella. Así que decidió deshacerse de Blancanieves. Llamó a un cazador y le ordenó que llevara a la princesa al bosque y la matara.

El cazador llevó a Blancanieves al bosque, pero al mirar su inocente y hermosa cara, no pudo cumplir la orden de la reina. En su lugar, le dijo:

—Corre, Blancanieves. Escapa y no vuelvas nunca. Te lo suplico.

Blancanieves, aterrorizada, corrió tan lejos como pudo, adentrándose en el bosque. Tras horas de huida, se encontró con una pequeña cabaña. Estaba muy cansada y hambrienta, así que decidió entrar.

La cabaña estaba desordenada, con siete pequeñas camas, platos y muebles diminutos. Sin pensar, se sentó en una de las camas y se quedó dormida. Mientras tanto, los dueños de la cabaña, siete enanitos, regresaban de trabajar en la mina.

Al entrar, se sorprendieron al ver a una hermosa mujer durmiendo en su casa. Uno de los enanitos, llamado Doc, dijo:

—¡Debemos despertarla!

Blancanieves se despertó y, al ver a los enanitos, se sintió aliviada. Les contó su historia y ellos, conmovidos, decidieron protegerla.

—Puedes quedarte con nosotros —dijo Grumpy, aunque él era un poco gruñón—. Te protegeremos de la reina malvada.

Blancanieves aceptó encantada. A partir de ese día, se hizo cargo de la cabaña, cocinando y limpiando para los enanitos, quienes la cuidaban y la protegían con mucho cariño. Sin embargo, la reina no se quedó quieta. Cada día, consultaba su espejo.

—Espejito, espejito, ¿quién es la más hermosa de todas?

Y cada día, el espejo respondía:

—Eres tú, mi reina.

Pero un día, el espejo reveló la verdad:

—La bella Blancanieves vive en el bosque, y es más hermosa que tú.

Furiosa, la reina decidió que debía actuar. Disfrazándose de anciana, fue al bosque con una cesta de manzanas envenenadas. Al llegar a la cabaña de los enanitos, encontró a Blancanieves.

—Hola, querida —dijo la reina disfrazada—. He traído estas deliciosas manzanas. Prueba una, te sentirás mejor.

Blancanieves, desconfiada al principio, recordó las advertencias de los enanitos, pero al ver la amable sonrisa de la anciana, se dejó llevar y mordió la manzana. En cuanto lo hizo, cayó al suelo, inerte.

La reina, satisfecha, se marchó riendo. Cuando los enanitos regresaron a casa, encontraron a Blancanieves en el suelo. Desesperados, la rodearon y lloraron su pérdida. No sabían qué hacer, así que decidieron ponerla en un ataúd de cristal y la colocaron en un claro del bosque, donde podían vigilarla.

Los días pasaron, y un príncipe que viajaba por el bosque vio la hermosa figura de Blancanieves en el ataúd de cristal. Se acercó y quedó asombrado por su belleza. Al inclinarse a besarla, algo mágico ocurrió: el beso del príncipe rompió el hechizo de la manzana envenenada.

Blancanieves despertó, abriendo los ojos. Al ver al príncipe, sonrió. Él le explicó lo que había sucedido y, juntos, se dieron cuenta de que había un amor verdadero entre ellos.

Los enanitos, al ver que Blancanieves había despertado, celebraron con alegría. El príncipe invitó a Blancanieves a su castillo, y juntos regresaron a su reino, donde se celebró una gran boda. Todos los habitantes del reino se unieron a la celebración.

La malvada reina, al enterarse de que Blancanieves estaba viva y feliz, fue consumida por la ira. Cuando consultó de nuevo a su espejo, este le dijo:

—Eres hermosa, es verdad, pero la reina de todos es Blancanieves, quien se ha casado con el príncipe.

Furiosa, la reina decidió enfrentar a Blancanieves, pero su maldad la condujo a un destino terrible. En su búsqueda de la venganza, sufrió una caída y desapareció en el bosque.

Desde entonces, Blancanieves y el príncipe vivieron felices, rodeados del amor de sus amigos enanitos y de todos los habitantes del reino. Y así, la bondad y la belleza triunfaron sobre la maldad.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Lección: La bondad y la pureza de corazón siempre prevalecerán sobre la maldad.

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