Había una vez, en un reino lejano, una hermosa joven llamada Cenicienta. Desde la muerte de su madre, su vida había cambiado drásticamente. Su padre, al que amaba mucho, se volvió a casar con una mujer que tenía dos hijas. Desde entonces, Cenicienta fue tratada como una sirvienta en su propia casa. Sus hermanastras, envidiosas de su belleza y dulzura, la humillaban y la obligaban a realizar todas las tareas del hogar. La joven pasaba sus días limpiando, cocinando y atendiendo a las caprichos de su madrastra y hermanastras.
A pesar de su dura vida, Cenicienta siempre mantenía una actitud amable y esperanzadora. En sus momentos de soledad, se sentaba junto al fuego y soñaba con un futuro mejor. A menudo se refugiaba en el bosque cercano, donde hablaba con los animales y se sentía libre. Un día, mientras paseaba, encontró un hermoso pajarito que la siguió a casa. Desde entonces, los animales del bosque se convirtieron en sus amigos y la ayudaban en las tareas del hogar.
Un día, el rey del reino decidió organizar un gran baile para encontrar esposa para su hijo, el príncipe. Todas las jóvenes del reino estaban invitadas, incluidas las hermanastras de Cenicienta, quienes estaban emocionadas por la oportunidad de conocer al príncipe. Cenicienta, llena de esperanza, soñaba con asistir al baile, pero su madrastra se lo prohibió, diciendo que tenía que quedarse en casa y terminar las tareas.
Cuando llegó el día del baile, las hermanastras se vistieron con sus mejores vestidos y se marcharon, dejando a Cenicienta sola y triste. En ese momento, mientras lloraba, apareció su hada madrina. Con un toque de su varita mágica, transformó a Cenicienta. Le dio un hermoso vestido de gala y un par de zapatos de cristal que brillaban como estrellas. Sin embargo, había una advertencia: el hechizo solo duraría hasta la medianoche.
Cenicienta llegó al baile y todos quedaron asombrados por su belleza. El príncipe, al verla, no pudo apartar la mirada y la invitó a bailar. Pasaron la noche juntos, riendo y disfrutando de la música. Pero cuando el reloj comenzó a sonar la medianoche, Cenicienta, recordando las palabras de su hada madrina, se despidió rápidamente y corrió hacia casa. En su prisa, dejó atrás uno de sus zapatos de cristal.
El príncipe, desesperado por encontrar a la misteriosa joven, ordenó que se buscara a la dueña del zapato. Todos en el reino debían probarse el zapato. Cuando las hermanastras intentaron calzarlo, no lo lograron. Finalmente, llegó el turno de Cenicienta. Cuando se probó el zapato, encajó a la perfección. El príncipe, al verla, reconoció a su amada.
Cenicienta y el príncipe se reunieron y, tras contar su historia, se comprometieron a casarse. La malvada madrastra y las hermanastras, al ver que Cenicienta había encontrado la felicidad, sintieron remordimiento por cómo la habían tratado.
El día de la boda, el reino celebró con gran alegría. Cenicienta y el príncipe vivieron felices, rodeados de amor y amistad. La joven, que había sufrido tanto, finalmente tuvo el futuro que siempre había soñado.
Y así, Cenicienta, con su bondad y perseverancia, demostró que la verdadera belleza proviene del corazón.
Lección: La bondad y la paciencia siempre serán recompensadas, incluso en la adversidad.