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El príncipe rana

El principe rana

Érase una vez, en un reino lejano, una hermosa princesa llamada Elena. Era conocida por su belleza, su bondad y su risa contagiosa. Sin embargo, había una cosa que le preocupaba: su tristeza. La princesa a menudo se sentía sola, ya que su padre, el rey, estaba muy ocupado gobernando el reino y no pasaba mucho tiempo con ella.

Un día, mientras paseaba cerca de un estanque en el bosque real, Elena dejó caer su querida bola de oro al agua. Desesperada, intentó recuperarla, pero el estanque era profundo y la bola se hundió. Justo cuando estaba a punto de llorar, escuchó una voz suave que le habló desde el agua.

—¿Por qué lloras, hermosa princesa?

Sorprendida, Elena miró hacia el estanque y vio una rana de color verde brillante mirándola con curiosidad.

—He perdido mi bola de oro —dijo la princesa—. Era un regalo de mi madre y la quiero mucho.

La rana, con una sonrisa en su rostro, le dijo:

—Si me prometes que serás mi amiga y me llevarás a tu palacio, te ayudaré a recuperar tu bola.

Elena, aunque dudaba un poco, aceptó. Así que la rana saltó al agua y, después de unos momentos, emergió con la bola de oro en la boca. La princesa, encantada, tomó su bola y se sintió feliz.

—¡Gracias, rana! —dijo Elena, pero cuando la rana le pidió que cumpliera su promesa, ella se sintió un poco incómoda.

—¿Qué? ¿Amiga de una rana? Eso suena extraño. No puedo llevarte al palacio.

—Pero acordaste ayudarme —dijo la rana—. No te haré daño.

Elena, sintiéndose mal por romper su promesa, decidió llevar a la rana al palacio. La rana la siguió, saltando tras ella. Al llegar, la princesa se dirigió a la cocina y pidió un cuenco para la rana. Pero cuando la rana entró en el palacio, todos los sirvientes se rieron y la miraron con desprecio.

Sin embargo, Elena no se dejó influenciar por las burlas y, en un acto de valentía, se sentó junto a la rana y la trató con amabilidad. La rana, agradecida, le contó historias sobre el mundo fuera del castillo y le dijo que no era una rana cualquiera.

—Soy un príncipe —dijo—. He sido maldecido por una bruja y estoy atrapado en este cuerpo. Solo un acto de verdadera amistad puede romper el hechizo.

Elena, aunque escéptica, decidió ser la amiga de la rana. Pasaron los días y, poco a poco, la princesa comenzó a disfrutar de la compañía de su extraña amiga. Juntas compartían risas y aventuras en el jardín del palacio.

Una noche, mientras estaban sentadas bajo la luz de la luna, Elena se dio cuenta de que había aprendido a ver más allá de las apariencias. Aprecia a la rana por su sabiduría y su sinceridad. En un momento de valentía, Elena se acercó a la rana y, sin pensarlo, la besó en la mejilla.

Instantáneamente, una luz brillante llenó el jardín. La rana comenzó a temblar y, con un destello mágico, se transformó en un apuesto príncipe. Elena se sorprendió y no podía creer lo que veía.

—He estado esperando este momento —dijo el príncipe, sonriendo—. Gracias a tu bondad y tu valentía, he sido liberado de la maldición.

El príncipe, cuyo nombre era Fernando, explicó que había sido transformado en rana por una malvada bruja que había querido vengarse de él por no corresponder a su amor. Ahora, gracias a la verdadera amistad y el amor de Elena, había recuperado su forma original.

Los dos se miraron a los ojos y, en ese momento, una conexión mágica floreció entre ellos. Con el tiempo, Fernando y Elena se convirtieron en grandes amigos, y pronto el amor nació entre ellos.

El rey, al enterarse de la transformación, se sintió feliz de ver a su hija tan contenta. El príncipe Fernando fue acogido en el palacio, y su historia se convirtió en una leyenda en el reino.

Elena y Fernando pasaron sus días juntos, explorando el bosque, organizando banquetes y disfrutando de la compañía del otro. Con el tiempo, se celebró una gran boda, y el reino se llenó de alegría.

Y así, la princesa y el príncipe vivieron felices, sabiendo que la verdadera belleza no está en las apariencias, sino en el corazón. Su historia de amor y amistad se transmitió de generación en generación, recordando a todos que la verdadera conexión puede surgir de los lugares más inesperados.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Lección: La promesa y el cumplimiento de la palabra son fundamentales para la verdadera amistad y transformación.