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Tienda online de cuentos infantiles - El soldadito de plomo

El soldadito de plomo

El soldadito de plomo

Había una vez un set de soldaditos de plomo, todos iguales, con uniforme rojo y azul, botas negras y un rifle al hombro. Solo uno de ellos era diferente: tenía una sola pierna, ya que había sido fundido de forma defectuosa. Aunque no podía caminar como los demás, el soldadito de plomo no se sentía triste ni acomplejado por su imperfección. Tenía el mismo orgullo que sus compañeros.

El niño que tenía los soldaditos los puso sobre una mesa y comenzó a jugar con ellos. Todos los soldaditos se alinearon, firmes y erguidos, uno junto al otro. El soldadito de plomo estaba entre ellos, mirando al frente con su rifle en la mano, dispuesto a cumplir su deber.

De repente, el niño puso una pequeña bailarina de papel en la mesa, en medio de la escena. Era una hermosa figura, vestida con un tutú blanco, con una pierna levantada en actitud de baile, y el soldadito de plomo, al verla, sintió una atracción inmediata. ¡Qué hermosa era! La bailarina giraba graciosamente, pero el soldadito de plomo solo podía observarla. No podía moverse, ya que solo tenía una pierna, pero su corazón palpitaba con fuerza. Se enamoró de ella.

Pasaron los días, y el soldadito de plomo no podía dejar de pensar en la bailarina. Pensaba que ella, con su delicadeza y gracia, era perfecta. Por su parte, la bailarina parecía también estar observándolo, pero al igual que él, no podía moverse. Estaba inmóvil, de pie sobre una caja.

Un día, el niño que jugaba con los soldaditos de plomo decidió ponerlos sobre la ventana, y el soldadito de plomo fue colocado al borde de la mesa. De repente, un fuerte viento lo empujó y, en un instante, el soldadito cayó por la ventana, dando varias vueltas antes de aterrizar en la acera. Nadie lo vio caer, y quedó allí, solo, en la calle, lleno de barro.

El soldadito de plomo no se desanimó. A pesar de estar en el suelo, mantenía su postura recta, sin permitir que la suciedad o el frío lo afectaran. Un niño travieso pasó por allí y, al ver al soldadito de plomo, lo recogió y lo lanzó al aire, como un juguete. El soldadito de plomo cayó en un canal de agua y fue arrastrado por la corriente.

Durante un largo rato, el soldadito de plomo flotó, empujado por las aguas turbulentas. En el fondo del agua se encontraba un gran pez que, al ver al soldadito, lo tragó de un solo bocado. El soldadito estuvo dentro del pez, atrapado en la oscuridad. Después de un tiempo, el pez fue atrapado por un pescador y llevado al mercado, donde fue comprado por el mismo niño que había recogido al soldadito anteriormente. Al abrir el pez, el niño vio al soldadito de plomo, que estaba más sucio y dañado, pero aún entero. Lo limpió y lo puso nuevamente sobre la mesa. El soldadito de plomo estaba de vuelta en casa.

Al principio, parecía que la suerte le sonreía, pero su vida pronto volvió a ser complicada. Una vez más, el niño lo dejó en el borde de la mesa, y el soldadito cayó nuevamente, esta vez en una chimenea. Al principio el soldadito de plomo pensó que estaba acabado, pero a pesar del calor y el humo, su cuerpo permaneció intacto. Un viento fuerte lo llevó a una nueva aventura.

Finalmente, el soldadito de plomo vivió una serie de giros inesperados en su vida hasta que se enfrentó a un destino sorprendente.

Lección: La valentía y la perseverancia prevalecen, incluso frente a las adversidades más difíciles.