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La bella durmiente

La bella dyrmiente

Érase una vez, en un reino lejano, un rey y una reina que deseaban tener un hijo. Después de años de esperar, finalmente la reina dio a luz a una hermosa niña. El reino entero celebró el nacimiento de la pequeña princesa, a quien llamaron Aurora.

El rey y la reina decidieron organizar una gran fiesta para celebrar su llegada al mundo. Invitaron a todas las hadas del reino, excepto a una, que era conocida por su mal carácter y su rencor. Sin embargo, al no invitarla, desataron su ira. Cuando la fiesta comenzó, las hadas fueron llegando, cada una más hermosa que la anterior, y comenzaron a ofrecerle a la princesa regalos de belleza y virtud.

La primera hada le concedió a Aurora el don de la belleza. La segunda le dio el don de la música, y la tercera el don de la inteligencia. Todos estaban encantados con los dones que la pequeña recibiría. Pero justo cuando la alegría era máxima, la puerta del salón se abrió y entró la malvada hada, conocida como Maléfica.

—¡Felicidades! —exclamó Maléfica con una voz sarcástica—. Pero no estoy aquí para bendecir a la princesa. Como no fui invitada, le impongo un hechizo: cuando Aurora cumpla dieciséis años, se pinchará el dedo con el huso de una rueca y caerá en un sueño profundo del que no despertará jamás.

Un escalofrío recorrió la sala. Todos quedaron horrorizados ante la amenaza de Maléfica. Sin embargo, justo antes de que la malvada hada se fuera, una de las hadas buenas, que aún no había hecho su regalo, se adelantó.

—Aunque no puedo deshacer tu hechizo, puedo atenuarlo —dijo. —Aurora no morirá; simplemente caerá en un sueño profundo. Su sueño solo podrá ser roto por el beso de verdadero amor.

Con estas palabras, la malvada hada desapareció, dejando al rey y a la reina preocupados por el futuro de su hija. Para proteger a Aurora, decidieron quemar todas las ruecas del reino y prohibir cualquier uso de ellas. Aun así, el destino tenía otros planes.

Aurora creció siendo una niña encantadora, llena de vida y alegría. Se pasaba los días explorando el bosque con sus amigos animales y disfrutando de la naturaleza. Sin embargo, el día de su décimo sexto cumpleaños, mientras paseaba por el castillo, se encontró con una puerta cerrada que nunca había visto antes.

Movida por la curiosidad, abrió la puerta y, para su sorpresa, encontró una habitación polvorienta con una anciana sentada en una rueca.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Aurora, acercándose.

—Estoy hilando —respondió la anciana con una sonrisa.

Sin recordar la advertencia de sus padres, Aurora se acercó a la rueca y, al tocar el huso, se pinchó el dedo. En ese instante, un profundo sueño la envolvió, y cayó al suelo.

El reino se sumió en un silencio profundo. Al enterarse del suceso, el rey y la reina, devastados, decidieron que todos en el castillo también debían dormir hasta que su amada hija despertara. Así, con un toque de magia, los guardias, los sirvientes y todos los habitantes del castillo cayeron en un sueño profundo.

Los años pasaron y, con el tiempo, la historia de la bella durmiente se convirtió en una leyenda. Muchos príncipes vinieron de tierras lejanas, deseando despertar a la hermosa Aurora con el beso del verdadero amor. Pero ninguno tuvo éxito. La mala fortuna de Maléfica parecía imbatible.

Un día, un joven príncipe llamado Felipe, que había escuchado las historias sobre la bella durmiente, decidió buscar el castillo. Tras atravesar un bosque espeso y peligroso, finalmente llegó a las puertas del castillo. Se sorprendió al ver que todo estaba cubierto de espinas y enredaderas, pero su determinación era fuerte.

Al entrar, se encontró con los habitantes del castillo durmiendo pacíficamente. Ascendió las escaleras hasta llegar a la habitación donde Aurora yacía en su cama, hermosa como siempre. Al verla, su corazón se llenó de amor. Se acercó y, sin dudar, la besó suavemente.

En ese instante, el hechizo se rompió. Aurora despertó de su profundo sueño, y sus ojos se encontraron con los del príncipe. La luz del sol iluminó la habitación, y en un momento, todo el castillo despertó junto a ellos.

La alegría se desbordó por todas partes. Los habitantes del reino se abrazaron y celebraron el fin del hechizo. Aurora, feliz y llena de amor, miró a Felipe y supo que era el príncipe que había estado esperando.

—¿Eres tú el que me ha despertado? —preguntó Aurora con una sonrisa.

—Sí —respondió Felipe—. He venido a buscarte y a llevarte a casa.

El rey y la reina, al ver a su hija despierta y feliz, recibieron a Felipe con los brazos abiertos. La boda de Aurora y Felipe fue un evento grandioso, celebrado por todo el reino. Todos los invitados, incluidas las hadas, danzaron y celebraron el amor que había superado la maldición de Maléfica.

Pero Maléfica no había olvidado su rencor. Al enterarse de la boda, llegó furiosa al castillo. Sin embargo, las hadas buenas la enfrentaron, protegiendo a Aurora y Felipe con un poderoso hechizo. Maléfica fue derrotada y jamás volvió a amenazar el reino.

Aurora y Felipe vivieron felices, rodeados de amor, alegría y aventuras. Juntos, gobernaron el reino con justicia y bondad, recordando siempre que el verdadero amor y la valentía pueden vencer incluso las maldiciones más poderosas.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Lección: La paciencia y el amor verdadero tienen el poder de superar incluso las maldiciones más oscuras